TESTIMONIO DE ADULHALIM DEMIR, EX TRABAJADOR
DE SANDBLASTING EN TURQUÍA.

Adulhalim Demir es uno de los 5.000 trabajadores turcos que han enfermado de silicosis en un taller de sandblasting. Su testimonio es personal y nos recuerda que, detrás de las cifras, hay siempre una historia, una familia, unas consecuencias.

Vine a Estambul a finales de los noventa buscando trabajo. En mi región, al este de Turquía, no había apenas trabajo. Crecí en Taslicay, un pueblo de la región de Bingol, al este de Turquía. Mis padres eran agricultores y ganaderos pero, debido al conflicto armado con el PKK, se nos prohibió llevar el ganado a pastar a lo alto de las colinas. Ya no encontrábamos zonas donde llevar a pastar el ganado por lo que tuvimos que vender todos nuestros animales. No hay ningún tipo de industria en el este, así que mi padre no tenía ninguna fuente de ingresos. Tuve que dejar la escuela e ir a Estambul a buscar trabajo.

 

No conocía a nadie en Estambul, ni familiares, ni amigos. En los lugares donde trabajan los inmigrantes también dan cobijo, por lo que busqué trabajo ahí. Pero los inmigrantes también hacen los trabajos más sucios y peligrosos, y los peor pagados.

Primero trabajé para Leke Jeans. Aunque trabajaba en otro departamento, dormía en la sección destinada al tratamiento de vaqueros mediante chorro de arena o sandblasting. Tras un tiempo, me dijeron que si quería continuar durmiendo ahí, tendría que empezar a trabajar en el sandblasting. Trabajé durante dos meses. Después, entre 1998 y 1999 trabajé durante un año como “jefe de sandblasting” para una empresa que producía vaqueros para Tommy Hilfiger. Trabajaba y dormía ahí. Creo que fue durante este periodo cuando enfermé.

Fue durante el servicio militar cuando descubrí que tenía silicosis. No podía correr, pero no podían diagnosticarme nada. Decían que estaba bien. Un familiar mío también enfermó; tenía los mismos síntomas. Le diagnosticaron silicosis porque el médico conocía el problema de estos talleres y realizó un informe médico. En su caso, la enfermedad estaba muy avanzada y murió poco después. A mí también me diagnosticaron silicosis. Estaba dentro de un grupo de trabajadores del sector del sandblasting, todos con los mismos síntomas. Recuerdo que éramos 157. A 145 nos diagnosticaron silicosis.

No fue hasta más tarde cuando conocí mis derechos como trabajador, pero me habían engañado. Todo el papeleo sobre la Seguridad Social, los libros de registro, etc. había sido falsificado. Aunque tenía un contrato y había pagado las contribuciones a la Seguridad Social, he tenido que luchar durante 3 años para poder probar que trabajé para ellos en la sección de sandblasting durante todo ese tiempo, y que mis problemas de salud vienen de ahí. El Estado dice que como se trata de economía sumergida, no es su responsabilidad. Nosotros decimos que si hubieran hecho su trabajo no habría estos problemas. Mi enfermedad es la prueba.

Todos los trabajadores del sector están enfermos ahora. Desearía haber conocido antes los riesgos. De saberlo, jamás habría hecho este trabajo. Ahora quiero advertir y concienciar a todos los trabajadores de otros países sobre los peligros ocultos de este trabajo.

Mi enfermedad se ha extendido hasta el 46% de mis pulmones. No puedo realizar trabajo físico. No puedo correr o escalar. Si me cojo un catarro, puede ser muy peligroso. Me falta el aliento todo el tiempo y no puedo hablar. Esto puede hacer además que mi enfermedad avance aún más. Así que en esos casos he de ir al hospital durante un mes para que me den oxígeno directamente.

Tengo tres hijos de diez, siete y seis años. Me duele no poder trabajar y ganar un salario adecuado. [Interrumpe la entrevista alegando que no quiere hablar sobre sus problemas personales porque le resultan muy emotivos.] He dejado de pensar en estas cosas. Si soy positivo, la enfermedad no progresará tanto. Quiero dedicar mi tiempo a asegurarme de que otros trabajadores no caerán enfermos a consecuencia de la aplicación de chorro de arena para tratar pantalones vaqueros.

En mi pueblo natal, Taslicay, al este de Turquía, más de 300 personas en una comunidad de aproximadamente 2.000 están enfermas. Ochenta son familiares míos.

 
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